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Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias
Volumen 2, Número 1, 2025, enero-marzo
DOI: https://doi.org/10.71112/0jcq7292
LA DELIMITACIÓN TEÓRICA DEL CARÁCTER SIMÉTRICO Y ASIMÉTRICO DEL PODER.
NOTAS PARA SU DISCUSIÓN
THE THEORETICAL DELIMITATION OF THE SYMMETRIC AND ASYMMETRIC
CHARACTER OF POWER. NOTES FOR DISCUSSION
Héctor Martínez Ruiz
José Alberto Posadas Juárez
México
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La delimitación teórica del carácter simétrico y asimétrico del poder. Notas para
su discusión
The theoretical delimitation of the symmetric and asymmetric character of power.
Notes for discussion
Héctor Martínez Ruiz
1
hector.martinezr@uaq.mx
https://orcid.org/0000-0001-6129-7790
Universidad Autónoma de Querétaro
México
José Alberto Posadas Juárez
2
jose.alberto.posadas@uaq.mx
https://orcid.org/0000-0002-1345-2597
Universidad Autónoma de Querétaro
México
RESUMEN
Se propone el abordaje conceptual del poder a partir de su delimitación teórica en dos
vertientes: asimétrica y simétrica. La primera corresponde a la voluntad-de-servirse; se
caracteriza por su sentido coercitivo y la privatización de la política como tarea de unos
cuántos. La segunda se entiende como voluntad-de-servir. Es la esencia del pensamiento
originario sintetizado en la expresión “mandar obedeciendo” que no sólo restituye a la política
su esencia comunitaria, sino que invierte el significado de la palabra “mandar” que, en lo
general, quiere decir “dar” órdenes, por el de “recibir” y al hacerlo da un giro a la visión
occidental, donde “mandar” significa “hacerse obedecer”. La metodología empleada fue la
propia de la investigación documental. Se concluye que la asimetría de poder legitima el abuso
y desigualdad social al constreñir la política como actividad exclusiva y para beneficio de pocos,
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mientras que la simetría de poder da paso a la gobernanza, en que la política es tarea de todos
y la autoridad instituida acata la voluntad general.
Palabras clave: autoridad, comunidad, gobierno, política, simetría y asimetría de poder.
ABSTRACT
The conceptual approach to "power" is proposed based on its theoretical delimitation into two
aspects: asymmetrical and symmetrical. The first corresponds to the will-to-serve; it is
characterized by its coercive nature and the privatization of politics as a task for a few. The
second is understood as the will-to-serve. It is the essence of original thought synthesized in the
expression "to command by obeying," which not only restores politics to its communal essence
but also inverts the meaning of the word "to command," which generally means "to give" orders,
to that of "to receive," and in doing so, reshapes the Western view, where "to command" means
"to make oneself obeyed." The methodology employed was documentary research. It is
concluded that the asymmetry of power legitimizes abuse and social inequality by constraining
politics as an exclusive activity for the benefit of a few, while the symmetry of power gives way
to governance, in which politics is everyone's task and the established authority obeys the
general will.
Keywords: authority, community, government, politics, symmetry and asymmetry of power.
Recibido: 14 de marzo 2025 | Aceptado: 31 de marzo 2025
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INTRODUCCIÓN
El “poder” es tema de estudio recurrente en las ciencias sociales y las humanidades. El
principio elemental de que sin obediencia no hay poder en la teoría política, dio lugar al
presente estudio exploratorio, el cual tuvo como punto de partida la reflexión impolítica de
Esposito (2012) al tenor de las siguientes preguntas: ¿cómo se obtiene y ejerce? ¿Cuáles son
sus efectos? ¿Se pueden pensar de otra manera? Desde las que se realizó el abordaje teórico
del término a partir de dos vertientes: asimétrica y simetría. La primera se presenta como
voluntad-de-servirse; refleja el sentido vertical, coercitivo y de dominio en la conceptualización
del poder y política que los constriñe al ámbito exclusivo de unos cuántos. Es la visión que
prevalece en las sociedades occidentalizadas. La segunda se entiende como voluntad-de-
servir, de estar al servicio de los demás. Hace eco del pensamiento originario sintetizado en la
expresión “mandar obedeciendo” que se estructura a partir de siete principios: 1) Servir y no
servirse; 2) Representar y no suplantar; 3) Construir y no destruir; 4) Obedecer y no mandar; 5)
Proponer y no imponer; 6) Convencer y no vencer; 7) Bajar y no subir. La perspectiva simétrica
del poder comunaliza el quehacer político y da un giro al significado de la palabra “mandar” que
en español quiere decir “dar” órdenes, por el de “recibirlas”. Se concluye que la asimetría de
poder considera necesario el abuso y la desigualdad al sustraer la política de su carácter
comunitario, mientras que el principio simétrico “mandar-obedeciendo” propicia relaciones
horizontales, principio básico de la gobernanza, en que la política es tarea de todos y la
autoridad instituida acata la voluntad popular. La acción de mandar va unida al hecho de
obedecer a la comunidad.
METODOLOGÍA
Los resultados presentados corresponden a los de una investigación documental
exploratoria. Se aplicó la técnica del análisis hermenéutico en la revisión de la literatura sobre
el tema para identificar los argumentos centrales de los autores revisados. En este sentido,
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Weston (2006) sostiene que argumentar en favor de un planteamiento o en contra, requiere
formular conclusiones personales a partir de lo inquirido, de ahí que considere la
argumentación como un recurso para indagar, ya que aportar conclusiones requiere ofrecer
razones sustentadas, de tal manera que sea posible formarse puntos de vista sólidos tras
evaluar argumentos y desechar falacias.
En relación con el poder y la política, Esposito (2012) pone en cuestión los significados
que los caracterizan y determinan en una sola orientación. De ese planteamiento, se efectuó su
abordaje a partir de dos enfoques, uno, asimétrico, caracterizado por su esencia vertical y
coercitiva que privatiza el poder y la política; y otro, simétrico, de índole horizontal, en el que el
poder lo ejerce la comunidad en su conjunto. La asimetría de poder expresa aquello de lo que
se es capaz para obtenerlo, ejercerlo y hacerse obedecer; mientras que la simetría de poder
consiste en obedecer el mandato popular. Ya Rousseau (1993) señalaba que, por ejemplo, en
cualquier caso, no era posible que los gobernantes o “representantes” hablaran en nombre del
pueblo ni se ufanaran de ostentar el poder, porque se trata de simples delegados; éstos no
pueden acordar nada sin antes consultar al soberano. Desde el instante en que el pueblo está
reunido en cuerpo soberano, cesa toda jurisdicción de gobierno/gobernante, se suspende la
representación y la decisión de cada ciudadano es sagrada e inviolable ya que, donde se
encuentra el representado no hay representante. En consecuencia, desde la vertiente
asimétrica, jamás ha existido la democracia, ni es posible que llegue a existir, porque el
representante se adueña del poder y toma decisiones sin consultar al pueblo.
De su parte, Ranciere (2000), afirma que las democracias representativas no obedecen
el mandato popular, por eso, no debían identificarse como democracias, dado que el gobierno
siempre lo ejerce una minoría sobre la mayoría. Más aún, Castoriadis (2007) señalaba que, en
el primer caso, no había que escuchar al político que habla “en nombre de”; desde el momento
en el que pronuncia estas palabras, engaña o se engaña.
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RESULTADOS
El poder
El estudio del “poder” y la forma en que se ejerce es uno de los más recurrentes en las
ciencias sociales y las humanidades desde la Antigüedad grecorromana. Más allá del
significado etimológico que pueda tener, se reconoce la polisemia del concepto, carácter que
se debe al contexto histórico de cada autor y los principios explicativos de la teoría, aunque
para Esposito (2012), el término expresa un fenómeno irrepresentable y difícil de
conceptualizar, pese a lo que se diga. Sin embargo, en la teoría política moderna se piensa
como fundamental para el correcto ejercicio del gobierno, en especial cuando se considera que
trata de la capacidad de obtener “obediencia de otros”.
El principio elemental de que sin obediencia no hay poder, el problema de su obtención y
la forma en que se expresa, ocupan el centro del análisis político, tanto en la teoría como en la
praxis, se reconozca o no (Hermosa, 2017). En sí, la palabra proviene de la raíz latina potere
cuyo significado es “ser capaz” o “tener potencia”. Hoy en día, el poder se identifica como
fundamento de la organización social; además, parece inobjetable que refiera, de un lado, a los
que ordenan, mandan o dirigen, y del otro, a los que obedecen. Tal es el principio por el que en
las sociedades occidentalizadas expresa, en lo general, la capacidad que tienen algunos
individuos/grupos de mandar e imponer ciertas conductas a otros, bajo su consentimiento o aún
contra la voluntad y que se le relacione a términos como: “autoridad”, “gobierno”, “dominación”,
“coacción”, “mando” “obediencia”, “imposición”, “amenaza”, “fuerza” y tantos otros (Montbron,
2010), al menos así es como se observa en la mayoría de los autores que lo explican desde
una orientación “asimétrica”.
Existen innumerables situaciones sociales en las que ciertos agentes determinan y
condicionan las conductas de otros, esto ha llevado a identificar al “poder” como el dominio de
los “fuertes” sobre los “débiles”. Tal percepción se mantiene sin apenas cambios desde hace
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siglos; ya Maquiavelo (2017) expresaba que, en el correcto ejercicio del gobierno, se debe
tener poder, el cual constituye el medio para hacerse obedecer, pero, para que en efecto sea
eficaz, habría que echar mano de cuanto estuviese al alcance, de ahí el imperativo que el
dirigente no estuviera atado a normas morales. El gobernante es, desde su visión, un individuo
sin escrúpulos; debe imponerse a los gobernados a como dé lugar, si es necesario, mediante la
violencia.
La conceptualización asimétrica del poder se puede observar en autores como David
Easton, quien lo describe como una relación en la cual una persona o grupo puede determinar
las acciones de otro, en forma tal que satisfaga los fines del primero; en Carl Friedrich, que lo
identifica como la relación interpersonal en la que se manifiesta la obediencia, es decir, con un
comportamiento en el que A, B y C hacen lo que L dicta, de manera que, en esencia, refiere la
capacidad de uno (os) para determinar la conducta de otros. Aún en Robert Dahl, porque lo
entiende como el subconjunto de relaciones entre unidades sociales cuyos comportamientos,
de una o más de dichas unidades, depende en cualquier circunstancia del comportamiento de
otras unidades sociales, manifestación de poder propia de las poliarquías Lo mismo en
Foucault (2001), ya que los individuos se humanizan mediante el ejercicio del poder que se
presenta en las relaciones entre individuos/colectivos, de manera que “poder” designa, tanto
“relaciones” entre partes como su “resultado”, es decir, la manera en que su acción incide en el
comportamiento de otros, por lo tanto, la pregunta "¿cómo se ejerce el poder?" Se responde:
en las relaciones en que se manifiesta como su resultado (Foucault, 2001, Montbron, 2010).
De la misma manera, Raymond Aron lo explica como la capacidad de hacer, producir o
destruir. A decir de Richard Schermerhorn, es la relación procesal entre dos partícipes
caracterizados por: a) la influencia asimétrica, en la cual la probabilidad de decisión depende
de uno de los dos partícipes, incluso a pesar de la resistencia del otro; y b) el predominio de
sanciones negativas, reales en cuanto amenaza, como característica de la conducta partícipe
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dominante. Eduard Spranger lo define como la capacidad y también, en la mayoría de los
casos, la voluntad de imponer a los demás las propias orientaciones valorativas. (Montbron,
2010)
Otros autores, como Giovanni Sartori (2003), sobre ejercicio del poder, reconoce que la
titularidad del mismo, si bien recae en el pueblo, su ejercicio ya no, sino en los
representantes elegidos mediante voto en las democracias; no obstante, lo que cuenta, más
que la “ida” es el “regreso” del poder. Si el trayecto no es vigilado, es decir, si en el ejercicio del
poder, los controlados se substraen del poder de los controladores, el “gobierno sobre el
pueblo” corre el riesgo de no tener ninguna relación con el “gobierno del pueblo”.
Por su parte, Julien Freund, lo explica como el mando estructurado en la sociedad,
dividido en funciones jerárquicas según el régimen en boga. Hans Buchheim dice que es la
reserva de posibilidades dadas a una persona en virtud de la actitud y el comportamiento de los
demás. Arnold M. Rose considera que el poder implica la toma de decisiones por medio de las
cuales quienes deciden, tienen la posibilidad de ejercer el control. Bertrand Russell lo entiende
como la producción de los efectos esperados sobre otros. Wright Mills afirma que el poder tiene
que ver con las decisiones tomadas sobre las circunstancias que se viven y sobre los
acontecimientos que constituyen la historia de cada época, pero, dar con quiénes toman dichas
decisiones, representa el problema básico del poder. Luis Sánchez Agesta lo considera una
energía proyectada sobre la vida social en virtud de la obediencia que los individuos le
dispensan, obediencia que responde a la persuasión, sea por el temor o la aceptación de una
jerarquía superior.
Norberto Bobbio lo relaciona con la capacidad de un (os) sujeto (s) de influir, condicionar
y determinar el comportamiento de los demás (Carpizo, 1999). Dussel (2006), por su parte, lo
describe como una facultad o capacidad que se tiene o no se tiene. Para Weber (2004) se trata
de la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aún contra toda
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resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad. Foucault coincide con
Weber al considerar que el poder no es una propiedad sino una relación entre sujetos, el poder
no se posee, se ejerce para que el dominado realice conductas deseadas por otros, es decir,
incita, induce, desvía, facilita, amplia o limita ciertos comportamientos (Ávila-Fuenmayor, 2006).
En las sociedades capitalistas, refiere Gramsci, las clases gobernantes, identificadas
como sociedad política, son las que detentan el poder, las que ejercen la dominación mediante
sus aparatos jurídicos y político-militares (Betancourt, 1990). De acuerdo con esta lectura, en
cada sociedad es posible identificar los mecanismos de control que permiten a ciertos
individuos/grupos imponerse a los demás mediante el ejercicio del poder, en consecuencia, el
asunto consiste en averiguar quiénes monopolizan el poder, pero también cómo lo entienden y
ejercen. Con base en lo expresado, se distinguen, por lo menos tres tipos de sociedades:
aquellas en las que el poder lo acapara un individuo o grupo privilegiado; en otras, el poder lo
concentra una entidad supra-personal o institución; y por último, en las que el poder emana de
la propia comunidad. (Cárdenas, 2006)
DISCUSIÓN
Simetría y asimetría del poder
El concepto de simetría surgió en Grecia Antigua para denotar una relación de
“proporción armónica. En el plano social, se dice que hay simetría cuando existe igualdad entre
los sujetos, porque éstos actúan de manera corresponsable entre sí. La simetría en la sociedad
supone disposición, consideración y respeto entre todos sus integrantes. La asimetría, en
cambio, es la relación basada en la desigualdad, en la que una de las partes posee ventaja
sobre la otra. Se trata del principio que sostiene la necesaria verticalidad en las relaciones
interpersonales. (Freire, 2024)
Martínez (2013) identifica dos manifestaciones en el ejercicio del poder: asimétrica y
simétrica. La primera se asocia con el poder coercitivo, se trata del dominio del hombre sobre el
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hombre. El rasgo de la asimetría de poder es la capacidad de decidir, definir, imponer intereses
materiales o espirituales, conductas o voluntades a otros para la obtención de beneficios
egoístas. En cuanto a la simetría de poder, la refiere como la voluntad de servir y de
compromiso hacia los demás. De su parte, Da Costa (2014) también concibe esas dos
vertientes del poder y dice que la asimétrica presupone relaciones sociales y políticas con
signos de resistencia y conflicto; la simétrica, en cambio, se relaciona con la vida colectiva
armónica.
En la conceptualización de poder en los autores revisados líneas atrás, se observa que
la perspectiva asimétrica es la predominante, la mayoría concibe las relaciones sociales a partir
de la diada dominador/dominado, en el que sólo tiene “poder” el primero, es decir, el individuo o
grupo que consigue que otro (s) (individuos o grupos) haga (n) (o dejen de hacer) lo que
éste/os decida/n. Esta orientación se caracteriza por un sentido coercitivo, así como la
privatización de la toma de decisiones, situación que se observa porque se imponen las metas
a seguir, los medios y el modelo de organización para lograrlo, pero con el objetivo de obtener
ventajas personales o de grupo. En este sentido, el poder se concibe como un medio, pero al
consentir la búsqueda de diversos propósitos, se convierte en un fin en sí mismo, se trata del
instrumento por el que se obtiene todo lo demás, sea de orden social, económico o cultural.
Así, el poder asimétrico adquiere un valor por sí mismo, lo que explica la ambición por
obtenerlo y ejercerlo. Dussel (1999), utiliza la expresión “afán de poder”, para describir el deseo
de obtenerlo, que mueve a la acción y, convertido en voluntad de poder, permite actuar o
justificar todo con tal de alcanzarlo. Puesto que “el fin justifica los medios”, cada logro es visto
como “poderío”. La voluntad de poder se extiende a todos los órdenes de la vida, desde los
más cotidianos hasta los más intrincados, tanto en lo individual como en lo social, moral, el
arte, la ciencia y aún en la relación con la naturaleza.
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El poder asimétrico se expresa como: 1) coerción, 2) persuasión y 3) retribución. Al
mismo tiempo se manifiesta mediante la fuerza, la ideología y la utilidad. Según Montbron
(2010), se encuentran entremezcladas en todas las situaciones, pero el predominio de alguna
de ellas, en cada caso o momento, da lugar al carácter coercitivo, persuasivo o retributivo del
poder. El coercitivo es la capacidad de obtener obediencia mediante la privación o las
amenazas contra la integridad, la libertad o la posesión. El persuasivo consiste en obtener
obediencia tras convencer/coaccionar a quienes obedecen; la ideología es el instrumento
idóneo de este carácter persuasivo. El retributivo se basa en la obtención de obediencia
mediante el establecimiento de una relación de intercambio; quien obedece lo hace a cambio
de algo. Este carácter se basa en una relación de utilidad mutua (reciprocidad) entre el que
manda y el que obedece.
La relación más extendida de poder coercitivo es la que se presenta entre el Estado y los
ciudadanos, en la medida en que el primero se las arregla para monopolizar la coerción en la
sociedad con el fin de constituirse en el poder soberano de la misma. La relación más común
de poder persuasivo es la de las distintas iglesias o partidos políticos respecto a sus fieles o
militantes/ciudadanos identificados con las creencias o principios que enarbolan sus
respectivas organizaciones. La relación de poder retributivo se observa, por ejemplo, en el
capitalismo, entre empresarios y trabajadores, en el intercambio trabajo/salario. Aunque en el
carácter retributivo subyace el coercitivo, que impide modificar las relaciones de propiedad
sobre el capital; así como ideológica, ya que éste se auto-presenta como el mejor posible que
haya existido (Montbron, 2010).
De igual forma, la asimetría de poder expresa dos características generales, en primer
término, es un fenómeno relacional, es decir, debe haber más de un individuo para que exista
una relación de poder; en segundo lugar, esa relación es vertical. En la vida social esto no se
cuestiona, se ha normalizado y es una aspiración. Para ejemplificar, en la escuela, los modelos
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educativos fomentan el liderazgo individualista y la competencia como rivalidad (Martínez,
2013). Tomar la iniciativa e imponer la voluntad propia a otros con algún medio específico, sea
mediante el conocimiento, la inteligencia, la fuerza, la riqueza, los sentimientos, el dogma, los
valores estéticos y morales o cualquier factor que sirva para impulsar o constreñir a otros a
hacer lo que en otra circunstancia no harían, es válido y hasta exigible, pero no alcanzable para
todos, no podría serlo.
De igual forma, la asimetría de poder reconoce que la obediencia tiene matices, que van
desde las respuestas basadas en la convicción de la legitimidad del mandato o de la
conveniencia en consentirlo, hasta la percepción de una amenaza en caso de desobediencia
(Meneses & Castillo, 2017).
Los autores identificados con esta vertiente dan por hecho que el poder sea asimétrico;
sólo parecen interesarse acerca de cómo se ejerce el poder y con qué procedimientos, así
como por las consecuencias y efectos derivados de ello. Afirman que el poder no es una
institución, estructura o fuerza de la que dispongan algunos, se trata de una situación
estratégica que se presenta en el plano social. Puesto que el poder supone el reconocimiento
del otro como alguien que actúa o que es capaz de actuar, en lo general, “gobernar” significa
incidir sobre el campo de acción real o posible de los otros, por lo que podría decirse que
conciben el ejercicio del poder como la acción de “conducir las conductas” de otros,
encaminadas a ampliar o restringir el campo de acción de éstos en cualquier sentido (Meneses
& Castillo, 2017). No hay más, el gobernante debe obligar a obedecer a los gobernados,
imponer su voluntad.
Aunque las relaciones de dominio/subordinación sean intrincadas y cambiantes en cada
sociedad y momento histórico, en lo general se conducen de esa forma y se proyectan en el
estilo de vida, cultura, consumo, educación y trabajo; quizá por ello, hoy más que nunca, el
poder asimétrico se relacione con la acumulación, ya que la riqueza, el prestigio y la jerarquía
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social sitúan a los individuos/grupos/naciones en posiciones relativas de superioridad e
inferioridad, de dominio y dominación. (Bousa-Brey, 2021)
Esta es la visión de poder privativa de la geopolítica internacional, una perspectiva que,
como ya se dijo, es asimétrica porque descansa en las nociones de mando-obediencia
verticales, lo que hace ver a la política, como una actividad excluyente de las mayorías y
exclusiva de unos cuántos. La asimetría de poder corresponde a la voluntad-de-servirse,
germen de todas las patologías políticas existentes y por existir (corrupción, nepotismo,
compadrazgo, tráfico de influencias, etc.) (Martínez, 2023). Tal es el sentido tradicional de
poder propio de la colonialidad occidental. En la concepción de poder como dominación, se
inducen formas de opresión, explotación, sujeción o sumisión, nociones que tienen como
supuesto una relación de poder-sobre, a todas luces injusta e ilegítima (Fernández, 2021).
Las asimetrías de poder que parten del principio de autoridad como imposición para
mandar están distanciadas de su sentido original, pero son las que imperan y se proyectan en
todos los órdenes de la vida, la gente se disputa la posición de control/dominación, tanto en la
escuela, la familia, la calle y los centros de trabajo; se prefiere la condición de dominadores que
la de dominados. Esta situación se hace presente entre compañeros, hermanos, grupos,
comunidades y países; su “afán de poder” está asociado a la riqueza y prestigio, y se proyecta
en las relaciones de mando y subordinación, así como en el uso legítimo de la violencia
ejercida de unos a otros y la visión elitista en la que sólo unos están “autorizados” para tratar de
política, como en el caso de los grupos pertenecientes al círculo rojo (sociedad política, en
palabras de Gramsci) y de aquellos que no, a decir, los que corresponden al círculo verde
(sociedad civil) (Martínez, 2023). También es el caso de aquellos que se atribuyen la capacidad
de dirigir los rumbos de la sociedad, auto-identificados como “líderes” o “formadores de opinión”
y aún “influencers”, puesto que las relaciones de poder también se expresan en la manipulación
de la realidad, el manejo y tergiversación de las normas sociales y jurídicas acorde lo
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“políticamente correcto”, a efecto de mantener el control de las instituciones políticas,
económicas, sociales y educativas para el propio beneficio.
El poder asimétrico corresponde a lo que Dussel (2006) denomina “fetichismo del poder”
y que consiste, según lo expresado, en constreñir la política a la esfera estatal o, más
precisamente, al dominio del círculo rojo y de sus intereses, a decir, de los políticos
profesionales, intelectuales, artistas, comentócratas, jueces, empresarios, sindicalistas y
economistas (Martínez, 2023), quienes sostienen que el campo de lo político debe ser
exclusivo de estos grupos (Márquez, 2020).
Para Dussel (2006), más grave aún que el gobernante se crea sede soberana del poder,
es que la comunidad se lo permita y se torne servil en lugar de asumirse protagonista en la
construcción de lo político. Si no se le detiene, el representante corrompido usará el poder
“fetichizado” por el placer de ejercerlo a su voluntad, para su vanagloria ostentosa y despótica,
acción que acompañará con la apropiación indebida de bienes y riquezas. Sin embargo, lo peor
no son los bienes mal habidos que suelen ser el principal producto/evidencia de su actuar, sino
la usurpación del gobernante como delegado popular, transformado en esquilmador, parásito y
“azote” popular. Según Dussel (2006), toda lucha por los intereses de un individuo, clase, élite
o grupo son corrupción política, producto del fetichismo asimétrico de poder. Tal actuar es
desnaturalizado.
Frente a esta visión, que da por hecho la asimetría de poder, hay autores que plantean
lo contrario. Es el caso de Alejandro Llano (Figueiredo, 2001), quien sostiene que la
democracia debe recuperar su sentido original y coadyuvar para que el ejercicio del poder sea
una tarea de todos los ciudadanos, en comunidad. En paralelo a Llano, Harold Laswell &
Abraham Kaplan (Montborn, 2010), advierten que el poder describe la participación colectiva en
la toma de decisiones; si bien se trata de una responsabilidad individual, el poder, como toma
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de decisiones, representa una relación interpersonal. En este sentido, Hannah Arendt (2009)
visualiza al poder como la acción que surge cuando los individuos se reúnen para dialogar.
La lectura de Llano, Laswell, Kaplan y Arendt, da pauta para argumentar sobre la
vertiente simétrica de poder la cual trasciende la voluntad-de-servirse imperante en las
sociedades occidentalizadas al entenderlo como voluntad-de-servir, estar al servicio de los
demás. “Servicio” designa la disposición para atender, cuidar y acudir al encuentro de otros.
Esta orientación destaca el carácter comunitario de la toma de decisiones, al concebir la
política como una manifestación “desde abajo”, porque sólo desde abajo se puede aspirar a
una relación horizontal, desde arriba jamás, ya que se hace cuánto está al alcance para
mantenerla vertical. La simetría de poder es la esencia del pensamiento originario sintetizado
en la expresión “mandar obedeciendo” que se estructura según los siete principios de los
pueblos: 1) Servir y no servirse; 2) Representar y no suplantar; 3) Construir y no destruir; 4)
Obedecer y no mandar; 5) Proponer y no imponer; 6) Convencer y no vencer; 7) Bajar y no
subir. (Esteva, et al., 2014)
Dado que sin obediencia no hay poder, en la visión simétrica, el gobernante adquiere
poder indiscutible, no porque mande al pueblo, sino porque obedece al mismo, aspecto que
confiere una perspectiva horizontal al quehacer político (Barbosa & Rosset, 2022). La
comunidad es quien ordena y, contrario a las democracias representativas, el gobernante, al
ser elegido para realizar dicha tarea, se aboca a cumplir la voluntad general; ejerce
delegadamente el poder y lo hace en función de las exigencias, reivindicaciones y necesidades
del colectivo. La expresión "los que mandan deben mandar obedeciendo" indica esta visión del
servicio político-obediencial (Dussel, 2006). Si se quiere, como en el caso de la población
tojolabal, implica invertir el significado de la palabra “mandar” que en español quiere decir “dar”
órdenes, por el de “recibir” órdenes (Lenkersdorf, 2005).
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El mandar/obedecer se manifiesta en la autoridad de quienes ejercen cargos en la
comunidad, pero sobre todo se refleja en la participación de la propia comunidad al atender los
asuntos de interés general. Es ejemplo de lo expresado lo que se presenta con la población
originaria de Oaxaca. Velasco (2006) refiere que hay municipios en los que por decisión propia
y por acuerdo de mayoría en la asamblea general comunitaria, se opta por el régimen de usos
y costumbres al conformar sus órganos de gobierno, lo cual constituye una forma de
organización que facilita formas simétricas de poder mandar/obedecer. Asimismo, sus procesos
electorales se realizan también en asamblea donde tienen cabida diversos procedimientos para
la elección de las personas candidatas, como sería la auto-propuesta o las ternas; el proceso
de votación puede ser directo, por anotación pública en un pizarrón, por aclamación o voto
unánime.
Ser electo para formar parte de la autoridad municipal, representa una distinción. En la
mayoría de los casos, son cargos honoríficos donde no hay los sueldos onerosos que suelen
ser característicos y la principal motivación para la participación/acaparamiento de la clase
política en la democracia mexicana. Por el contrario, la gente puede hacer carrera en la
administración pública, esto es, desempeñar todos los cargos hasta llegar a ser presidente
municipal. Entre los oficios a desempeñar se encuentran los de topil, policía, teniente, mayor,
regidor, alcalde, síndico, fiscal del templo y presidente municipal; desempeñar estos cargos
sirve para que hacer experiencia de servicio, ya que si se quiere “mandar”, primero se debe
aprender a “obedecer”. En algunos municipios existen cuerpos colegiados de ciudadanos
distinguidos que desempeñaron todos los cargos, razón por la que se les confiere autoridad,
como son los distinguidos, caracterizados, tatamandones, consejos de ancianos, entre otros
(Velasco, 2006)
Las autoridades, una vez elegidas no pueden actuar a espaldas de la gente. …
si se juntan es para proponer a la comunidad una posible solución, pero no se
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reúnen para resolver el problema a espaldas de la comunidad…Todo lo
contrario, tienen que consultar al pueblo que los eligió, y tienen que llegar a una
solución conforme a la voluntad del pueblo expresado por consenso. De esta
manera, las autoridades, finalmente, firman el acuerdo logrado por la misma
comunidad. La firma de las autoridades es el reconocimiento oficial por parte de
los responsables. […] pero no tienen la posibilidad ni el derecho de aislarse o
apartarse del pueblo que los eligió, con el argumento de que una vez, elegidos,
representan una instancia independiente y autónoma, en la cual, ninguno de los
electores tienen el derecho de introducirse y de ser escuchado. Las autoridades
elegidas no representan ninguna institución por encima de aquellos que los
eligieron […] los elegidos tienen la obligación permanente de escuchar a los
electores, así como éstos tienen la obligación de hablarles a los elegidos.
(Lenkersdorf, 2000: 71-72)
García-Bravo & Parra-Vázquez (2020) refieren que el líder o gobernante obedece lo
encomendado por la comunidad. El principal rasgo que busca la comunidad en éste, sería el
“sacrificio”, entendido como la dedicación, que emana del concepto bankilal (hermano mayor),
persona que cuida de los hermanos menores. En muchas comunidades indígenas de Chiapas,
ocurre algo similar, los líderes cuidan a los demás al mandar obedeciendo a la comunidad.
Además de que se lleva a cabo una constante evaluación con el fin de encontrar
al sujeto que tenga el deseo de defender los intereses del sistema al que
representa. El líder, en este sentido, debe tener como motor no su bienestar,
sino su motivación para realizar el trabajo encomendado. Es necesario encontrar
a los representantes correctos porque, de lo contrario, pueden convertirse en
usureros o en intermediarios políticos entre el Estado y la comunidad, de manera
que, lejos de servir a los intereses del colectivo, se sirvan a sí mismos. De ahí
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deriva la importancia del rasgo “sacrificio”: sk’an xlok’ ta yo’onton skomtsanel to li
k’usi tsots sk’oplal cha’ay stuke (debe salir de su corazón dejar sus propios
intereses). El bankilal debe realizar su trabajo y terminar su gestión sin otra
pretensión que haber cuidado a sus hermanos menores. (García-Bravo & Parra-
Vázquez, 2020: 103)
El gobernante es responsable de todo ante todos; al mismo tiempo, el principio simétrico
mandar-obedeciendo afianza la participación política de la comunidad, ya que “mandar” como
“recibir órdenes” significa que la autoridad instituida acata la voluntad popular, esto es, los
gobernantes sólo hacen cumplir lo encomendado por la comunidad, no toman decisiones por
ésta, de forma que la acción de mandar va unida al hecho de obedecer (García-Bravo & Parra-
Vázquez, 2020). Es así como las acciones de gobierno se diseñan tras la consulta y
participación de todos. Opera bajo los principios de lo que es propio de la democracia
participativa, lo que posibilita darle fin a los programas y políticas contrarias al interés público; a
la inversa, aquellos que llegan a ponerse en marcha, es porque atienden las necesidades
genuinas de la población y con la intervención directa de la misma.
En la práctica, las poblaciones originarias desafían la cultura política dominante al
invertir la pirámide del poder, donde la idea “democracia” se diluye en la gobernanza por la
cual, el poder se sitúa en la base de la sociedad en su conjunto y las instituciones sociales
dejan de operar bajo la lógica de la burocracia que sólo sirve para ejercer la dominación, donde
los gobernantes sí son elegidos por consenso popular y éstos son conscientes de lo que
significa su designación: la de estar al servicio de la comunidad, tal y como sucede en
comunidades originarias de Oaxaca, Chiapas y de otras latitudes. Los líderes obedecen los
pactos tomados en la comunidad de manera que solo mandan si se apegan a los acuerdos
colectivos; es decir, el líder obedece (García-Bravo & Parra-Vázquez, 2020)
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La fórmula “mandar-obedeciendo” propone/dispone gobernar más allá de la concepción
moderna de política y poder, puesto que se hace necesario observarlo desde una óptica
normativa distinta: el poder horizontal, donde nadie es más, nadie es menos, la cual se
construye sin mirar arriba, sino a los lados (Esteva, et al., 2014), donde la relación de poder no
significa la opresión de un sujeto/s hacia el/los otro/s, sino que se trata de un reconocimiento
del/lo otro, bajo un criterio de no-exclusión entre las diversas partes que se encuentran en esta
relación de poder.
Las formas de organización/participación política comunitarias como las descritas,
permiten cuestionar las nociones asimétricas de poder y política como propias de unos
cuántos. Por el contrario, se presenta una visión que corresponde a la de una política inclusiva
e integrativa que promueve el respeto por la humanidad y la dignidad como un valor transversal
ecosófico/antropoético (Rodríguez & Rodríguez, 2020), visión que corresponde a las
sociedades en las que el poder lo ejerce la comunidad (Dussel, 2006). Se aleja así, de los
principios de la democracia liberal representativa, que concibe a la política como una expresión
racional utilitarista integrada por ciudadanos-consumidores y políticos-profesionales.
Desde el enfoque de la simetría de poder se recobra la noción de “autoridad” como
prestigio/reconocimiento hacia quienes ejercen el gobierno acorde los intereses de los
gobernados por la probada garantía mostrada en su responsabilidad en el servicio. La
auctoritas del gobernante se afinca en la comunidad, no en éste y se obtiene por su
compromiso de servir, de ahí que su designación dependa justo de la “autoridad” que la
comunidad le confiere por su probado ejercicio de servir/atender las demandas colectivas.
CONCLUSIONES
El abordaje del concepto de poder a partir de la delimitación teórica de su carácter
simétrico y asimétrico en el ejercicio impolítico responde a la invitación formulada por Esposito
(2012) para cuestionar lo que se da por sentado respecto al poder y su ejercicio, el cual
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consiste en el principio casi inobjetable de “conducir conductas”. Tras analizar la idea de poder
en los autores revisados, se considera que la asimetría es la vertiente que predomina en el
mundo occidentalizado. La voluntad-de-servirse es su característica principal. El supuesto de
que sin obediencia no hay poder, podría explicar el afán de imponerse a costa de lo que sea. El
atributo de autoridad autoimpuesto valida el uso de la fuerza para hacerse obedecer. Además
de acentuar la desigualdad social y la privatización de la vida política para beneficio personal o
de grupo, circunstancia que se observa en las democracias representativas en lo común, pero
que puede derivar en regímenes autoritarios y, en casos extremos, dar paso al totalitarismo.
La asimetría de poder no sólo se presenta entre el gobernante/gobernado, sino que
pone de manifiesto la existente en la relación humano/humano que visibiliza otras, como serían
las de alma/cuerpo, hombre/mujer, humano/animal, profesor/estudiante, conocimiento
científico/saberes alternos o sociedad/naturaleza.
En contraste, la simetría de poder, entendido como voluntad-de-servir, presente en las
comunidades originarias, es la que tiene menor tratamiento y abordaje teórico. Se sintetiza en
la expresión “mandar obedeciendo”; invierte el significado de la palabra “mandar” (“dar”
órdenes) por el de “recibir”; “mandar” significa “obedecer”. En esta forma de hacer política,
resulta complicado que el colectivo cuestione el poder que ostenta el gobernante ya que éste
manda-obedeciendo al mismo.
Por lo anterior, se concluye que la asimetría de poder legitima el abuso y el uso de la
violencia al constreñir la política como actividad exclusiva de unos cuántos, mientras que la
simetría de poder da paso a la gobernanza, forma de organización en que la acción política es
tarea de todos y el dirigente siempre acata la voluntad popular. El reto, consistiría en vislumbrar
formas político-simétricas de gobierno en las macro-sociedades actuales, siendo la democracia
participativa una opción viable, que permita consolidar prácticas como el plebiscito, referéndum
y consultas ciudadanas.
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