DOI: https://doi.org/10.71112/XX
187 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 1, 2026, enero-marzo
que residen y circulan en los entornos materiales (bases de datos, protocolos, programas,
textos, hipertextos, imágenes, sonidos, vídeos, hipermedia, aplicaciones, portales” (p. 49) a los
que el estudiante puede llegar para analizarlos y formar criterio a partir de ellos, o en términos
de McGrew et al. (2018), la habilidad para evaluar la credibilidad de la información.
En coherencia con Freire (1994), se sostiene que el aprendizaje significativo surge
cuando el estudiante se reconoce como sujeto activo de la historia. La cibercultura, en ese
sentido, ofrece un territorio simbólico para ejercer la libertad, la creatividad y la responsabilidad
al lograr fortalecer la lectura crítica y de ahí, el pensamiento crítico. Vygotsky (1978) plantea a
su vez que el aprendizaje es un proceso personal que se construye mediante la interacción con
el entorno sociocultural, lo cual se internaliza progresivamente. Desde esta perspectiva, se
conectan el desarrollo de la lectura crítica con las implicaciones del contexto inmediato y de
estos al pensamiento crítico, ya que el aprendizaje se impulsa a través de la actividad del
sujeto, mediada por herramientas y símbolos. Las herramientas, orientadas hacia el entorno,
permiten al individuo interactuar con su realidad, mientras que los símbolos, dirigidos hacia el
interior, facilitan la autorregulación y el control de uno mismo. Esta interacción entre lo externo
y lo interno, ambos de naturaleza social, es clave para el desarrollo humano y, por ende, para
la formación del pensamiento crítico, al integrar los sistemas de signos y símbolos,
especialmente el lenguaje (Magallanes et al., 2021) el cual, en virtud especial de la lectura
crítica, comienza como una herramienta de comunicación social y luego se transforma en una
función mental interna que organiza el pensamiento, lo que resulta esencial para el
pensamiento crítico.
La investigación también permitió evidenciar que las resistencias iniciales al uso de
herramientas digitales por parte de algunos docentes provienen de una visión fragmentada de
la tecnología, más asociada al entretenimiento que a la formación. Esta concepción debe