DOI: https://doi.org/10.71112/xanzk491
877 Revista Multidisciplinar Epistemología de las Ciencias | Vol. 3, Núm. 4, 2026, octubre-diciembre
la historiografía, sino que han dado lugar a nuevas formas de entender el presente a partir del
pasado. El pensamiento crítico contemporáneo ha empezado a cuestionar los límites entre
historia y memoria, entre el conocimiento académico y su uso público, abriendo así el camino a
una mirada más amplia, transversal y politizada del mundo actual. En este contexto, Enzo
Traverso en su obra La historia como campo de batalla, plantea que: Los debates sobre las
guerras, las revoluciones, los fascismos y los genocidios que han atravesado la historiografía y,
más generalmente, las ciencias sociales a lo largo de estas últimas décadas esbozan el perfil
de una nueva aproximación al mundo contemporáneo que supera ampliamente las fronteras de
la investigación histórica. Sus tensiones resultan permanentes entre el pasado y el presente, la
historia y la memoria, la experticia y el uso público del pasado; sus lugares de producción no
se limitan a la universidad, sino que conciernen a los medios de comunicación, en su sentido
más amplio. El antitotalitarismo liberal, un humanitarismo consensual y la naturalización del
orden dominante constituyen las coordenadas generales de este comienzo del siglo XXI.
(Traverso, 2012, pág. 14)
En línea de lo mencionado, en el siglo XXI, los derechos fundamentales continúan
siendo el pilar central de las democracias modernas, aunque enfrentan nuevos desafíos
derivados de los avances tecnológicos, las crisis ambientales y las tensiones sociales
tradicionalmente vinculadas a la protección de la dignidad humana, estos derechos, como la
vida, la libertad, la igualdad y la participación política, se han ampliado hacia nuevas esferas,
como los derechos digitales, el acceso a Internet y la protección de datos personales. Acordes
a la Declaración Universal de Derechos Humanos, estos derechos deberían ser considerados
como inherentes a toda persona, pero en el contexto actual su aplicación requiere constante
reinterpretación y adaptación frente a realidades cambiantes, como la inteligencia artificial o el
desplazamiento forzado por el cambio climático o el contexto de las guerras. En ese sentido, la
comunidad internacional debe reflexionar en mecanismos institucionales y normativos que